domingo, 7 de abril de 2013

2. Matar al mimo


Hijo de Miguel Antonio Doproy y Emilia Blas, nací el 14 de mayo de 1989, el mismo día que Carlos Saúl Menem gano las elecciones presidenciales. Soy un hijo más de la convertibilidad. Como ecos siguen resonando los reproches por haber nacido el mismo día del sufragio “justo viniste a nacer el día en que hay que votar, mira si serás inoportuno”. Lo que más le molesto a mi papa no fue el hecho de no poder ir a la escuela del barrio, encontrarse en el padrón, hacer la fila interminable, buscar la boleta dentro del cuarto oscuro y depositarla en la urna, sino no poder decir orgulloso frente a su grupo de amigos que él también lo había votado. Hijo único de una familia de clase media. Mi mama siempre me contaba la misma historia, de lo complicado que fue el embarazo, lo mal que la paso durante mi gestación y de lo sola que estuvo. Los recuerdos que tengo de mi infancia se van esfumando con el correr de los años, pareciera que no fueron tan intensos o que algo en mi intentara borrarlos. Todo se vuelve evanescente. Para ese entonces vivíamos en el barrio de Palermo, en un departamento de 3 ambientes con vista a la Av. Santa fe. Mi habitación era bastante ruidosa y amplia. Debido a la obsesión enfermiza de mi madre por la combinación de colores, la alfombra tenía la misma tonalidad que las sabanas y las cortinas. Las paredes estaban empapeladas con discretos diseños de dibujos. A medida que fui creciendo me ocupe de ir cubriéndolos con diferentes manifestaciones de arte rupestre realizadas con crayón. Y así fui tapando. La fina tarea de avanzar sin analizar. Tapar, una constante del que no mira atrás.

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